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Si la muerte hoy llegara a buscarte,Gracias Eli
disimula haz como si fueras una muñeca grande.
Si en verdad la muerte hoy llegara a buscarte,
cúbrete la cabeza y píntate los ojos,
que yo estaré hablando con Dios,
buscando una solución.
Le pediré el último favor,
le pediré por favor.
Si al final la muerte hoy te alcanzase,
lucha eres fuerte te quiero daría mi vida por ti.
Hoy la muerte tendrá cara de hombre guapo,
a un actor de cine se parecerá.
Si la muerte te encontrase lucharía por ti.
Con tu sangre mi cama pintaría.
Como un lobo aullaría,
Pris, Pris, Pris,
no llores más que yo recordaré tu nombre:
Pris.
Cuando todos nos hayamos marchado,
nadie recordará que estuvimos aquí.
Los juguetes no tienen alma ni memoria,
pero sonreirás de nuevo cuando me veas venir.
Recordaré tu silueta,
cuando dabas volteretas
y aullaré como un lobo por ti.
¡Auuuh!
Y el final será un ataque en vano,
y la muerte será cazada.
Pero sólo queda tiempo para salvar a aquel actor.




Hoy voy a volver a hablar del prolífico director favorito de
En principio la mayoría de las películas de Miike están concebidas como Yakuza eigas aunque finalmente acaban desviándose por unos derroteros que nada tienen que ver con dicho genero.
Si bien Full Metal Yakuza sigue la estructura de una típica película de yakuzas, con el protagonista principal en busca de venganza tras la muerte de su superior como tema principal, otros elementos ajenos al género como el absurdo, que luego sería la característica más reseñable en Gozu con la que Full Metal Yakuza comparte ciertas similitudes temáticas, también aparece en un buen número de ocasiones. De esta manera, Miike juega una vez más con las convenciones del género desviándose de éste, Ichi the killer y Fudoh, the new genation también ofrecen una propuesta alternativa del género yakuza, combina el cine de yakuzas con la ciencia ficción.
Es posible ver ciertos trazos en el temprano trabajo Full Metal Yakuza que luego Miike desarrollaría en otros largometrajes como los ya mencionados ichi the killer y Gozu. En éstos films Miike pone de relieve uno de los temas más recurrentes en este género: la relación entre miembros de un clan como entre anikis o entre jefe y subordinado. Miike deforma estas relaciones transformándolas en grotescas y surreales. En Ichi the killer tenemos la relación sadomasoquista entre Kakihara y su jefe, y tras la muerte/desaparición de este último, la búsqueda de Kakihara por un reemplazo de su jefe que toma la forma del perturbado Ichi. En Gozu el jefe de Minami, de nuevo tras su desaparición, reaparece como una mujer con la que hace el amor culminando de esta manera la atracción que siente por él y evitando así tacharla de homosexual. En Full Metal Yakuza, Ken es recompensado por su lealtad hacía su admirado Tosa con el obsequio de las partes más preciadas de su mentor (su corazón de Yakuza, su tatuaje y su pene) convirtiéndose en una mezcla entre robocop y el más cutre héroe japonés Kamen Rider..
Siguiendo las tradiciones del Yakuza eiga las mujeres son sólo un estorbo en la relación entre yakuzas en las películas de Miike. Aún cuando ahora Ken esta dotado con un pene XL, corta con su novia la cual le estaba poniendo los cuernos con uno de sus anikis y rechaza a la novia de su jefe, manteniendo de esta manera la pureza de sus nuevas partes y su lealtad hacia su jefe. Al igual que Kahikiara rechaza una relación con una chica debido a que eso solo entorpecería la búsqueda de su jefe, ya que como el propio kahikiara dice “el jefe lo hacia mejor”.


Nosferatu obra cumbre del expresionismo cinematográfico es una de las películas más aclamadas de todos los tiempos, sin embargo su rodaje y posterior estreno no está exento de turbios elementos y pese a ser de los años 20 de innovadoras técnicas de realización:
El director Friedrich Whilhelm Murnau y Albin Grau no tenían intención de pagar los derechos de autor a Bram Stoker por la obra en la que se basó el guión. Por ello, intentaron disfrazar los personajes cambiando los nombres y las referencias geográficas. Poco después de su estreno en 1922, la viuda de Bram Stoker denunció el impago de derechos de autor por la adaptación cinematográfica. La sentencia obligó a suspender la proyección de la película y a destruir todas las copias y el negativo. Afortunadamente, la resolución judicial no fue cumplida en su totalidad, lo que permitió la conservación de la película.
Nosferatu está dividada en cinco actos, correspondientes a las diferentes fases de la historia. Es por eso que el título original se refiere a una “Sinfonía de horror”. En 1978, Werner Herzog dirigió una nueva versión de Nosferatu en claro homenaje a la película de Murnau, convertida en todo un clásico del cine de terror. Esta producción checo-holandesa tiene como protagonista a Klaus Kinsky en el papel del Conde Drácula, quien consiguió una excelente caracterización.
Otro de los célebres homenajes a la película de Murnau es el que brinda Francis Ford Coppola en el primer terció de su “Drácula.” En concreto, se nos hace un guiño a la secuencia del viaje fantasma, en la que cineastas como el ítaloamericano ven una lección de creatividad cinematográfica. En el viaje de Jonathan Hutter hacia el castillo de orlok, es recogido por un misterioso carruaje, de negro riguroso, envidado por el conde. En este trayecto es cuando Jonathan entra en el mundo fantasmagórico y terrorífico del vampiro. Para crear esta sensación de irrealidad y provocar un inconsciente desasosiego en el epectador, Murnau además de acelerar la velocidad de proyección, incluyó un inserto en negativo.
Un análisis más detallado de este fragmento, desvela que no sólo se limitó a utilizar el negativo, sino que trabajó a conciencia este momento crucial. Murnau cubrió el carruaje, los caballos y el conductor con telas blancas, de modo que al ser proyectado el negativo permaneciesen de color negro. De este modo, el mismo carruaje se adentraba en un paisaje sobrenatural.
Debido a su temática, Nosferatu ha sido fuente de innumerables leyendas sobre su rodaje. La más curiosa es, sin duda, la que afirma que el actor Max Shreck, que interpretaba al Conde Orlok, se trataba realmente de un vampiro. Impulsado por el terrorífico aspecto físico del autor y su excelente interpretación, se llegó a decir que Shreck era un verdadero vampiro que Murnau había contratado para interpretar el papel.
Si el rodaje de Nosferatu estuvo rodeado de singularidades, una de las más extrañas fue el casting de ratas que se convocó mediante un anuncio en el periódico local de Wismar. El 31 de Julio de 1921, en la página de anuncios locales, es lugar destacado y con letras de tamaño extra grande, los habitantes de Wismar pudieron leer: “Para el inmediato rodaje de una película se precisan 30-50 ratas vivas y bien alimentadas. Se pagará generosamente”
Algunas de las leyendas sobre el rodaje de nosferatu han dado lugar a la película ”La sombra del vampiro”(2001). El director Elias Merhige construye un relato alrededor de leyendas y verdades sobre el rodaje, con Willem Dafoe en el papel del actor Max Shreck. Dafoe se sometió a largas horas de maquillaje para encarnar al Conde Orlok del rodaje, siendo su interpretación lo más apreciable en la película.
En 1964 nació un icono para el cine de terror y para la sociedad brasileña. Se trataba de Ze do Caixao (Traducible como José del Ataúd). Una siniestra figura vestida de negro, con una capa y luciendo unas uñas curvadas de
El éxito de “A medianoche me llevaré tu alma”, primera película en la que aparece Ze, fue tan desmesurado que pronto este personaje tendría su propia canción, un programa de televisión y un cómic, además de servir como recurso para las madres cuando los niños se portaban mal (algo así como el coco en España).
Al particular universo sangriento y erótico de Marins, no le falta la antropofagia, el sadismo, y todas las inmoralidades propias del cine de terror más bizarro. José Mojica Marins dirigió westerns, comedias musicales y pornochanchadas, género en el cuál tuvo la distinción de filmar la primera escena de sexo entre un perro y una mujer en Brasil. Estuvo en la cárcel, se presentó al congreso como diputado, fundó su propia iglesia y su escuela de cine, tuvo 23 hijos con siete mujeres distintas pero José Mojica Marins ha sido también el cineasta más censurado y perseguido en la historia del Brasil y el único realmente independiente de su país.
Hijo de padres españoles, José Mojica Marins nació en 1936 tras una gestación de 11 meses, retraso debido a una condición irregular del vientre de su madre. Siendo su padre torero y su madre cantante de tangos, vivían recorriendo varias localidades del Brasil hasta que después del robo de su hijo por parte de unos gitanos, decidieron abandonar la vida errante y asentarse definitivamente en el barrio de Vila Anastasio, en Sao Paulo. Ahí, después que
A la edad de 7 años, Mojica desarrollaría un fuerte interés en los comic y en los fenómenos sobrenaturales, especialmente en el tema de la muerte, gracias a un acontecimiento que le marcó de por vida. Cuenta Marins que cerca de donde vivía había una tienda de papas cuyo dueño solía contarles relatos acerca de la muerte, sobre cómo la gente después de morir iba al cielo en donde había muchos animales y las personas podían comunicarse con ellos. Un día, este señor murió y todo el pueblo asistió a su funeral. Inconsolable, su esposa lloraba y gemía diciendo que solo los buenos morían mientras que los malos permanecían vivos. Sus hijos sugirieron que todos rezasen para que regresara su padre, cosa que todos hicieron incluyendo el propio Marins y tres de sus amiguitos. Grande sería la sorpresa para todos cuando durante sus oraciones, ¡el cuerpo dentro del ataúd comenzó a moverse! Como si nada hubiese ocurrido, el hombre se incorporó de su féretro, todavía con algodón dentro de su boca y fosas nasales, al tiempo que toda la gente reunida huía despavorida, incluyendo a su esposa, su madre, sus hijos y el sacerdote. En el lugar sólo permanecieron Mojica y sus tres amigos curiosos por saber lo que había pasado. Obviamente el hombre no estaba muerto sino que sufría de catalepsia, algo que en esa época era totalmente desconocido en la región. Al final, la esposa dejó al desafortunado hombre, alegando que ése no era su marido, sino que era el mismo demonio que se había posesionado de él. Nadie más volvió a su tienda a comprarle papas y entonces trató de asentarse en otro poblado, pero los rumores le acompañaron y fue mandado a un manicomio, en donde murió dos años después. Tales eventos marcarían a Mojica de por vida.
Pero no sería la única vez que Marins tendría aproximaciones con el mundo de los muertos. Años más tarde, a los 15 años de edad, cuando paseaba con un amigo suyo, su bicicleta se rompió frente al cementerio y con horror vieron cómo varias luces resplandecientes se alzaban sobre las tumbas de los muertos. Este es un fenómeno conocido como fuegos fatuos, pero para los impresionables chicos eran las almas de los muertos que estaban dispuestos a invadir el mundo. Dadas esta experiencias y viviendo en un país impregnado con magia y misticismo, resultado de la mezcla de grupos raciales y religiosos, no es de extrañar que las películas de José Mojica Marins, en especial sus cintas de horror, reflejen un singular y rico folklore que no se parece a nada que se haya filmado antes en ese país.

Ante un anuncio en el periódico de semejantes características, muchos de nosotros acudiríamos (casi) sin pensarlo por la cuantiosa cantidad monetaria ofrecida. Aun así, si tras superar unas pruebas de selección, fuéramos uno de los elegidos, puede que cambiáramos de opinión si nos advirtieran que tendríamos que renunciar a alguno de nuestros derechos civiles, soportaríamos en la experiencia situaciones extremas y, sobre todo, cuando nos comentasen que íbamos a estar permanentemente vigilados -por medio de un circuito de cámaras- en una prisión.
Cambia la cara de uno cuando se cita esa palabra tan directamente relacionada con un bien tan preciado como la libertad. Mas el asunto no acaba ahí, tiene mucho más que ofrecer: el grupo se dividiría en dos roles, el de prisioneros -doce participantes- y vigilantes -ocho-, teniendo que comportarse como tales, resolviendo los problemas que sucedan mientras no se use la violencia. Y, para más inri, conviene recordar que todos tus movimientos serán observados por los instigadores de la situación, cuyo fin es analizar cómo se comporta el ser humano en estado de reclusión. Con solamente aguantar tienes el premio asegurado, pero has de resistir bajo esas condiciones dos semanas, las cuales pueden resultar las más interminables de tu existencia.
La elección del protagonista es en cierta medida casual, como el encuentro de éste con la oferta -al ojear un periódico-; no obstante, su 'profesión', situación personal, economía maltrecha y forma de ser son la excusa perfecta para que nos adentremos en este mundo de su mano, aunque se alternen otros puntos de vista para la coherencia interna de las imágenes. Un previo escarceo amoroso antes del enclaustramiento servirá como aliento en las interminables jornadas presidiarias, amén de servir como interludio de reposo entre tanta opresión en espacios cerrados. La trama se desarrolla con inmediatez, pese a que anteriormente se asienta en el protagonista para enseñarnos sus recovecos y motivaciones, despejándonos con sutileza las dudas sobre el experimento a la vez que vamos encaminándonos junto al grupo al encierro -las sorpresas nos sobrecogerán a ambos, la información nos llega desde su perspectiva-. El fondo musical se encargará de acompañarnos en la travesía, de dar ligeros matices al celuloide para acrecentar nuestras sensaciones. No se quedan atrás los actores que encarnan a los personajes, cada uno de ellos irá configurando un carácter verosímil (de acuerdo a su personalidad) para enfrentarse a las circunstancias del encierro; erigiéndose sus respectivos líderes en cada bando, no faltos de alternancias hasta definir sus liderazgos. La confrontación está asegurada. Lo que en un principio es un mero juego con recompensa jugosa garantizada irá destapando las maldades del ser humano, acrecentadas por sus roles. De una convivencia pacífica acordada con el fin de obtener todos el objetivo monetario sin dificultades ocurrirán malentendidos, pequeñas riñas, rifirrafes, arrogancia, que confluirán en una creencia de sus papeles hasta estar totalmente sumergidos en este mundo de cristal.
A primera vista esta experiencia fílmica nos puede parecer que será un remedo de los programas televisivos formato Gran Hermano -no es la novela de Orwell, es un espectáculo televisado las 24 horas donde se encierran personas con el objetivo de convivir mientras el público va decidiendo con expulsiones al ganador/a-, una especie de documental cinematográfico con reminiscencias de El Proyecto de
El resultado es una propuesta ágil, imaginativa, valiente, respaldada de un argumento coherente, intérpretes metidos en la piel de sus personajes (nunca mejor dicho), con ritmo regular -aun contando con pequeñas evocaciones personales inmiscuidas que enlazarán profundamente las vidas del protagonista y una persona externa con la situación, formando una (sub)historia dentro de esta (según se mire); y pequeños desbarajustes un poco forzados, pero bien resueltos, que tampoco dilapidan la narración- sin decaídas ni monotonías, con las suficientes sorpresas como para hacernos pasar un magnífico rato, entrometernos en el contexto y, lo más importante, sacar nuestra propia conclusión de esta acuciante moda mediática, propiciar el debate interno o externo, con este largometraje social crítico-reflexivo que tan bien nos muestra la realidad de esa irrealidad artificiosa.
